Cuidado con las tentaciones

 

La sinceridad, que es lo que se busca, yace en el corazón como una pequeña pieza de oro en el fondo de un río. El que la encuentra ha de quedarse hasta que el agua es clara, y entonces la verá resplandecer en el fondo. Para que el corazón esté claro y asentado, ¡cuántos dolores, vigilancia, cuidado y diligencia se requieren!

—John Flavel, Guardando el corazón: Un punto de vista puritano de cómo mantener tu amor por Dios.

Las tentaciones no suelen aparecer como un «gran mal»; muchas veces llegan como una voz interna que promete alivio, control o satisfacción inmediata. Tener cuidado con las tentaciones significa vigilar el corazón antes de que la acción ocurra; detectar cuándo algo empieza a dominar nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestra atención. Debemos tener claro que el corazón es engañoso, seductor, perverso y de él proceden los apetitos de una vida (Proverbios 4:23; Jeremías 17:9). Es de ahí, en la raíz del corazón, de donde provienen las tentaciones seductoras. El puritano Juan Flavel, en su publicación «Guardando el corazón: Un punto de vista puritano de cómo mantener tu amor por Dios» expresa:

«El que guarda su corazón debe tener despiertos los ojos del alma para ver surgir cualquier emoción desordenada y tumultuosa. Si sus emociones se desatan y se ve incitada a las pasiones, el alma debe descubrirlo a tiempo y eliminarlo antes de que vaya a más».

El puritano prosigue diciendo:

«El trabajo sobre el corazón es realmente difícil. Realizar nuestros deberes espirituales con un espíritu descuidado y distraído no cuesta demasiado. Pero ponerse delante del Señor y sujetar los pensamientos vanos y dispersos a una atención fervorosa y constante sí que nos costará».

  • Algunas señales tempranas de que una tentación está ganando

  1. Cambio de enfoque: empezamos a pensar más en el «beneficio o satisfacción» que en las consecuencias. Somos débiles y estamos   expuestos a la caída aun cuando analizamos los resultados.

  2. Justificación rápida. Nos decimos «solo una vez», «no hace daño en el presente», «lo merezco».

  3. Afecta temporalmente el crecimiento: disminuye la oración, la lectura de la Palabra y la vigilancia, y la mente se llena de excusas.

  4. Deseo sin camino: aparece el anhelo, pero no el plan para gobernarlo.

  • Qué hacer en el momento

  1. Detén el acceso: elimina el gatillo. Es decir, la pantalla, las conversaciones, el lugar donde te encuentres y los hábitos. No hay duda de que la tentación se alimenta de repetición.

  2. Guardar el corazón es una obra que nunca se termina hasta el final de la vida. No hay ningún momento o condición en la vida de un cristiano en el que se interrumpa este trabajo.

  3. Mantener la vigilancia sobre nuestros corazones es como cuando Moisés mantenía las manos arriba mientras los amalecitas y los israelitas luchaban (Éxodo 17:8–16). Tan pronto como las manos de Moisés se cansaban y bajaban, Amalec prevalecía. Ser intermitentes en la vigilancia de sus corazones costó a David y a Pedro muchos días y noches tristes.

  4. Declara la verdad: debemos recordar que el Evangelio no solo perdona; también moldea el carácter y las respuestas.

  5. Al final del día: identifica dónde el Evangelio gobernó y dónde necesitas crecer; luego ora pidiendo corrección.

  • Finalmente

Podría afirmar que el asunto más importante en la vida de un creyente es poder declarar la santidad y la gloria de Dios en sus vidas. Sin esto no somos nada más que formalistas que buscan simplemente su propio bien sin tener referencia a la ley de Dios que nos revela nuestra condición y la necesidad de un Salvador, del Evangelio que nos revela a través de su mensaje a Jesucristo como el único Salvador que tiene el poder de resolver el problema del corazón. Sin estas, todas nuestras palabras, dones y deberes no significarán nada.

Dios nos pide: «Dame, hijo mío, tu corazón» (Proverbios 23:26).

Aun los corazones tocados por la gracia son como instrumentos musicales, que han de ser afinados de forma exacta, porque pequeñas cosas los pueden desafinar. Si los dejamos aparte por un tiempo, necesitarán ser afinados antes de poder tocar otra lección.

Mateo Henry, en su Comentario de la Biblia, nos dice: «Si el corazón es guiado, los pasos serán guiados. Compra la verdad y no la vendas; prepárate a dejar cualquier cosa por ella. No la dejes por placeres, honores, riquezas o ninguna cosa de este mundo. El corazón es lo que requiere el gran Dios. No debemos pensar en dividir el corazón entre Dios y el mundo; Él tendrá todo o nada. —Mira la regla de la palabra de Dios, la conducta de su providencia y los buenos ejemplos de su pueblo. —Se dan en ella precauciones especiales contra los pecados más destructores de la sabiduría y gracia del alma».

Esto implica que nuestro cuidado y diligencia a la hora de guardar el corazón y vencer las tentaciones será una de las mejores evidencias de nuestra sinceridad y compromiso con Dios. Porque quien lleva a cabo sus tareas sin el corazón, es decir, sin prestar atención, recibe la misma aceptación ante Dios que quien las lleva con un corazón doble, o sea, hipócritamente, y, por ende, la gloria de Dios está fuertemente involucrada.

Determinación, disciplina y crecimiento.

Ismael Hilerio, Jr.

Determinación. Disciplina. Crecimiento.

Next
Next

La necesidad del Evangelio