Datos personales:
Bro. Hilerio, Jr.
En el pasado fui aquel hombre que vivía como el necio, sin referencia a Dios ni a Su ley. Ahora, que he sido regenerado y poseyendo una nueva fe en Cristo solamente, pude ver en arrepentimiento para vida que estaba equivocado y muerto en mi pecado con una extremada pobreza espiritual. Hoy vivo por Su causa y para Su gloria, teniendo mi gozo en Él para siempre y aun admitiendo que soy un pecador simultáneamente justificado con la necesidad de Su gracia continua.
Hijo de padres puertorriqueños
Esposo, padre y abuelo
Seminarista
Cristiano confesional
Teología del pacto
Monorgismo
Cesacionismo
Apologética: presuposicionalismo
Valores y objetivos
por seguir:
Vivir para la gloria de Dios y tener mi gozo en Él para siempre. Crecer en la integridad y sabiduría de Su Palabra y que la gloria de Dios en Cristo sea el reflejo y autoridad en mi vida, en la ciudad, en el trabajo y en la vecindad donde resido.
Ser un esposo amoroso, tierno, líder y proveedor para mi esposa. Instruirla con cariño y paciencia en el temor del Señor y que nuestra unión con Cristo sea un ejemplo piadoso para nuestra familia.
Ser un representante que no tiene de qué avergonzarse cuando maneja la Palabra con precisión. Es decir, «cortar correctamente», «dar al blanco» al presentar el evangelio y todo el consejo de Dios a mis amistades y desconocidos cuando la oportunidad se presente. El único fin es llevarlos a los pies de Jesucristo.
Afirmaciones que intentan definir mis convicciones teológicas:
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Creo que la creación fue el acto libre de Dios, por el cual creó la existencia del universo y todo lo que contiene en 6 días, sin el uso de materiales preexistentes —creatio ex nihilo— de la nada. Que Dios estableció un orden cósmico por medio del cual mantiene, gobierna y dirige todas las cosas conforme a Su ley. El hombre no fue creado para satisfacer una necesidad o deficiencia en Dios, porque la naturaleza divina de Dios no tiene necesidades inherentes. Él es su propia satisfacción trinitaria. Por lo que lo hace ser autosuficiente y único en su excelencia. Dios orquestó todas las cosas en la creación para manifestar y revelar Su poder, Su gloria, Su sabiduría y Su reino, como una proclamación de Su soberanía en la creación
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Creo que la desobediencia de Adán y Eva y al morir espiritualmente… (Génesis 2:15, 16-17), tuvo dimensiones cosmológicas que están bien fundamentadas en la tradición teológica y en el testimonio bíblico. Según la Escritura, la caída es universal en sus consecuencias: el universo entero quedó bajo el juicio de la corrupción como resultado de ese único acto de desobediencia. Esta comprensión tiene respaldo exegético sólido: la alusión de Pablo a Génesis 3:17–19 en Romanos 8:19–23 confirma que la caída cósmica fue la maldición de Dios sobre la creación, sujetándola a la futilidad y al cautiverio de la corrupción.
Las implicaciones de la desobediencia de Adán se extienden más allá de la experiencia humana. No fue un acto aislado, sino un evento de significado catastrófico para la creación en su totalidad, cuyos efectos se hacen sentir aún en toda ella.
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Creo que la redención abarca mucho más que la salvación individual: incluye un paralelo entre la restauración de los elegidos y toda la creación. La maldición que siguió al pecado de Adán afectó tanto a la humanidad caída como al orden cósmico entero, sometiendo a ambos a una descomposición, enfermedad y desastres naturales (Génesis 3:17; Romanos 8:19-23); y para que se complete la redención, los hijos e hijas restaurados del reino necesitan un cosmos restaurado como morada eterna. Esta es parte de la «restauración de todas las cosas» (Hechos 3:21) por la obra exclusiva de Cristo, en la que revertirá toda la fealdad, el caos y la imperfección que ha estropeado el estado presente de las cosas, a fin de que el hombre regenerado, con una imagen renovada, rescate, restaure y redirija su oficio manifestado en la Escritura como el Mandato Cultural.
Solamente la obra de Cristo, como el Redentor, es la que entra en validación, tanto para la restauración del hombre que está presente bajo la ira de Dios como la cósmica que fue afectada por la desobediencia de Adán.