Soy un trabajo en proceso

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Ismael Hilerio, Jr. Ismael Hilerio, Jr.

Considerar la exhortación

En Romanos 12:8, Pablo se refiere a este don como el don «de animar a otros». La «exhortación» es un don caracterizado por la ternura y el amor al prójimo. En la lengua castellana, la palabra «exhortación» tiene un sentido disciplinario y lleva la idea de aviso o advertencia con que se intenta persuadir a una persona a seguir una determinada conducta.

 «El que exhorta, en la exhortación; el que da, con liberalidad[a]; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría» (Romanos 12:8). Pablo se refiere a este don como el don «de animar a otros».

La «exhortación» es un don caracterizado por la ternura y el amor al prójimo. En la lengua castellana, la palabra «exhortación» tiene un sentido disciplinario y lleva la idea de aviso o advertencia con que se intenta persuadir a una persona a seguir una determinada conducta.


Cuídate de ser arrogante porque ella es soberbia, ignorante y opaca el entendimiento de lo que es bueno y busca reprimir la verdad absoluta de Dios porque ofende su estilo de vida y su manera de pensar. La arrogancia envuelve a su familia, como lo son la altanería, altivez, soberbia, engreimiento, orgullo, arrogancia, desprecio. Por cierto, impide el reconocimiento de la dependencia de Dios y mira con altivez a su prójimo. Genera conflicto y divisiones entre las personas y obstaculiza el crecimiento espiritual.

¿Qué se ha dicho sobre la arrogancia?

  1. «Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría». — Salomón

  2. «La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano». — San Agustín

  3. «Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría». (Salomón)

  4. «El orgullo es como un imán: señala constantemente a un objeto, a uno mismo. Pero, a diferencia del imán, el orgullo no tiene un polo atractivo y repele en todos los puntos». —Charles Caleb Colton

  5. «Cuando mezclas ignorancia y soberbia, obtienes una dosis de mediocridad». — Salomón

Algunos ejemplos que se consideran de una persona soberbia y de actitudes comunes:

  1. El egocentrismo. …

  2. La búsqueda de estatus social.

  3. La expresión frecuente del orgullo.

  4. La demanda de reconocimiento.

  5. Las estrategias de dominación.

  6. El distanciamiento de otras personas.

  7. La tendencia a la comparación.

  8. El desprecio hacia los logros ajenos.

Por lo que hemos observado, la soberbia es un deseo de superioridad sobre los demás. Cuando la persona es soberbia, se cree superior a los que le rodean por su posición social o económica o por alguna cualidad especial, y lo demuestra con un comportamiento distante o despreciativo hacia los demás, junto con un rechazo de sometimiento total a Dios, y pretende en su pobreza espiritual su autosuficiencia y autoexaltación para sentirse una persona clave.

Es un estado opuesto al de la humildad que expresa un espíritu de bienvenida hacia los demás. El soberbio no reconoce su dependencia genuina como criatura de su Creador, ni la mutua dependencia con sus semejantes. Según Proverbios 6:16-19, las siete cosas que Dios aborrece y abomina su alma son actitudes y acciones que destruyen la convivencia y revelan un corazón malvado: la soberbia (ojos altivos), la mentira, la violencia, la perversidad, la maldad apresurada, el falso testimonio y la discordia familiar y fraternal. Por esta razón, el soberbio necesita un cambio de vida que lo lleve a buscar el arrepentimiento que necesita.

Características principales de la arrogancia:

  1. Creen que son mejores que los demás en conocimiento, habilidad o conciencia.

  2. Ignoran las necesidades y sentimientos ajenos, buscando metas propias sin importar el daño.

  3. Evitan la culpa, excusándose o desviando la atención para no parecer vulnerables.

  4. Tratan a otros desde una posición de inferioridad, menospreciando sus logros.

  5. Necesidad constante de hablar de sí mismos, buscar atención y reconocimiento.

  6. Inseguridad: A menudo, la arrogancia es una coraza para proteger una autoestima frágil.

El grado más alto de la soberbia es aquel que rechaza toda dependencia de Dios y pretende ser igual a Él. Es un pecado peculiarmente aborrecido por Dios (Levítico 26:19; Números 15:30; Salmos 31:23; Proverbios 16:18; Isaías 2:11, 17; Ezequiel 7:24; Daniel 4:37; etc.) y este comportamiento los conduce al más desastroso de los fines (Proverbios 15:25; Malaquías 4:1).

Finalmente, es importante que estemos en la perspectiva bíblica de estar bajo la ira de un Dios que es tres veces santo.

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Ismael Hilerio, Jr. Ismael Hilerio, Jr.

Prefiero ser esclavo… que ser un «esclavo»

El ser esclavo parece inaceptable. Parece que está fuera de lugar, pero aun así vigente en nuestra condición espiritual.

Pablo exclamó: «¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:16) Claramente, el creyente es llamado esclavo de Cristo (1 Corintios 7:22). Antes éramos «esclavos del pecado» (Romanos 6:16). Ahora lo somos de Dios».


El ser esclavo parece inaceptable. Parece que está fuera de lugar, porque la práctica de la esclavitud ya ha sido eliminada del mundo hace tiempo. Sin embargo, debemos admitir bíblicamente que todos hemos nacido siendo esclavos del pecado sin tener conciencia propia de su inclinación debido a su condición de muerte espiritual; mientras que hay otros que, por gracia, han sido trasladados por elección incondicional a ser esclavos con beneficios eternos que perdición eterna.

La frase, como he dicho en ocasiones en mis conversaciones: «Prefiero ser esclavo de Cristo que ser un esclavo de perdición», refleja una profunda convicción espiritual. Expresa la elección consciente de someterse voluntariamente a la autoridad y guía de la tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, en lugar de vivir bajo el dominio del pecado para la destrucción del alma.

«El seguidor de Cristo, al convertirse en su esclavo está simplemente imitando a su Maestro. El Señor Jesús asumió la condición de esclavo, siendo obediente a Dios el Padre y sirviendo humildemente como un hombre sumiso. El Señor dejó a un lado los privilegios de gloria divina para tomar forma de esclavo (Filipenses 2:7). Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:8). Como consecuencia, Dios le exaltó por encima de todo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre». — O. J. Gibson, Principios bíblicos del discipulado, trad. Santiago Escuain (Cupertino, CA: DIME, 2004), 46.

Esta idea se basa en el concepto bíblico de la esclavitud espiritual, donde todos los seres humanos están esclavizados a algo: al pecado o a Dios, siendo Cristo su Señor y Salvador. De la misma manera, ser «esclavo de Cristo» implica vivir en gratitud, en obediencia, amor y servicio a Él, lo que conduce al acceso a la gracia y el perdón, a la vida eterna, a la verdadera libertad interior, a la fortaleza en la adversidad, en la transformación personal, y a una comunidad de apoyo. En cambio, ser «esclavo de perdición» significa estar atrapado en caminos que llevan a la destrucción espiritual y el continuo de la separación de Dios.

Este contraste subraya la preferencia por una vida con propósito y redención, frente a una vida sin dirección eterna y condena. Es un llamado a poder elegir la fe y la entrega como camino hacia la salvación y la paz interior que solamente Cristo nos puede dar por gracia inmerecida. No es humillante ser un esclavo voluntario de alguien que nos ama y se dio a sí mismo por nosotros, pagando el precio con su vida (Gálatas 2:20).

Finalmente, ser un esclavo de Cristo es vivir una vida plena, con sentido y en comunión con Dios a través de nuestro Mediador Jesucristo, experimentando libertad interior y esperanza eterna; lo opuesto de ser esclavo de perdición, donde sentirá agudamente la presencia de Dios y su ira continua.

Ruego que no seas tú.

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Ismael Hilerio, Jr. Ismael Hilerio, Jr.

Vivir en apariencia

Podemos engañar a los hombres con la apariencia religiosa; sin embargo, ante el trono de la gracia, somos falsos profesantes y descalificados como hijos de Dios, con la necesidad de nacer de nuevo y ser revestidos con la justicia de Cristo para que nuestro compromiso y las buenas obras glorifiquen a Dios.

Podemos engañar a los hombres con la apariencia religiosa; sin embargo, ante el trono de la gracia, somos falsos profesantes y descalificados como hijos de Dios, con la necesidad de nacer de nuevo y ser revestidos con la justicia de Cristo para que nuestro compromiso y las buenas obras glorifiquen a Dios.


Vivir «en apariencia» para un cristiano se refiere a una conducta o vida que muestra externamente signos de fe, pero que carece de convicción, sinceridad, autenticidad o transformación interior genuina, ya que su conducta original es la manifestación que profana el carácter de Dios. Esto implica que la persona disfrazadamente puede, con una etiqueta religiosa, cumplir con normas o comportamientos religiosos de manera superficial, sin que su corazón y su vida reflejen realmente los valores y principios del cristianismo porque aún está condicionado a su condición actual. Por esta razón la Escritura expresa:

«Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mateo 7:22-23).

Este pasaje plantea una tensión fundamental. Es decir, los que reclaman acciones espirituales impresionantes para ser reconocidos son rechazados ante el trono del cristianismo, gracia. El contexto vincula este pasaje con la advertencia sobre falsos profetas (7:15-20), ampliando la aplicación a todo quien pretende ser espiritual, enfocándose primero en cristianos profesantes que son falsos individuos, después en incrédulos que son falsos profesantes.

  • Características

  1. Falta de sinceridad. La persona actúa como creyente, pero aún no ha experimentado un cambio en su interior que lo lleve a glorificar a Dios y tener su gozo en Él.

  2. Hipocresía. Se muestra una imagen pública de piedad o virtud que no corresponde con la vida privada o las verdaderas motivaciones que los identifiquen como embajadores de Dios.

  3. Cumplimiento externo sin compromiso interno. Se practican las formas religiosas como la oración, la asistencia a la iglesia, la lectura bíblica, y esto lo hacen sin un compromiso profundo con Dios ni con el prójimo que lo inspire a asemejarse más al carácter de Cristo en la obediencia de la Palabra.

  4. Prioridad a la imagen social. Más que buscar agradar a Dios y su aprobación, se busca la aprobación o el reconocimiento de los demás, poniendo en alto la aprobación de los demás en vez de la aprobación de Dios.

  5. Desconexión entre la fe y las obras. Las acciones no reflejan una fe viva ni un amor genuino.

  • Consecuencias

  1. Estancamiento espiritual—crecimiento. Sin una verdadera transformación, la fe no crece ni se fortalece.

  2. Desilusión y vacío. La falta de autenticidad puede generar insatisfacción y falta de paz interior.

  3. Testimonio débil o negativo. Puede llevar a que otros vean la fe cristiana como superficial o hipócrita.

  4. Juicio bíblico. En la Biblia, Jesús reprende a quienes viven en apariencia, como los fariseos, por su hipocresía y falta de sinceridad (Mateo 23).

A mi parecer, hay en la actualidad mucha gente que cumple todos sus deberes religiosos, que lee la Biblia, que reza sus oraciones en privado y en público, personas que dicen ser cristianos, que bautizan a sus hijos, que se acercan a la Mesa del Señor. Y sin embargo, no tienen vida espiritual en sus corazones; al contrario, son profanos y aún perversos. Sólo la gracia de Dios puede cambiar el corazón de una persona e iluminar su mente.

  • Finalmente

La importancia de reevaluar cada día nuestra vida, nuestro compromiso al llamado de ser cristiano, la fe que profesamos, la esperanza eterna que confesamos a través de la Escritura, nos ayudará a desarrollar autenticidad y asemejarnos más a Cristo en la obediencia a las Escrituras. Ya que vivir como cristiano no debe limitarse a una apariencia externa, sino que debe reflejar un compromiso profundo de gratitud y auténtico con la fe, manifestado en una vida transformada por el Espíritu Santo en amor a Dios y al prójimo.

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Ismael Hilerio, Jr. Ismael Hilerio, Jr.

El pecado original

El pecado original subraya la total corrupción del ser humano y la necesidad absoluta de la gracia de Dios para la salvación.


  • Introducción

Cuando hablamos del pecado original, debemos entender que es un concepto teológico fundamental y bíblico en la doctrina del cristianismo que explica la condición caída y corrupta de la humanidad desde Adán y Eva cuando desobedecieron el mandato de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal porque el día que de él comas, ciertamente morirás (Génesis 2:16-17).

Según esta perspectiva bíblica, el pecado original no es solo la primera transgresión cometida por los primeros seres humanos (Adán y Eva), sino que se manifiesta una naturaleza pecaminosa que ha sido heredada y que ha afectado toda la descendencia humana. El rey David así lo pudo entender cuando expresó en su confesión que «en pecado él había sido concebido por su madre» (Salmo 51:5). Es decir, que él había heredado por naturaleza aun siendo él un bebé.

Otro ejemplo lo podemos ver en Romanos 5:12-21. Aquí vemos la afirmación del apóstol Pablo, cuando afirmó que el pecado original entró en el mundo por un hombre y ese hombre fue Adán, y por medio de él la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Este argumento también se apoya en Génesis 3, que narra la caída y las consecuencias de Adán y Eva.

  • Algunas consecuencias

  1. El pecado original quebrantó la comunión perfecta entre Dios y el ser humano. Lo que se manifiesta por herencia es la muerte espiritual. ¡Separación completa! ¡Enemistad! Lo que describe la condición humana, que está universalmente separada de Dios debido al pecado. Esto significa que nadie es intrínsecamente justo o digno de alcanzar el estándar divino, lo que hace necesaria la justificación gratuita a través de la fe en Jesús (Romanos 3:10-18; 3:23).

  2. Corrupción. La voluntad y la razón quedaron inclinadas, muertas y debilitadas. (Romanos 3:10-18). Caímos de nuestra rectitud original y de nuestra comunión con Dios, y de esta manera quedamos muertos en el pecado y totalmente contaminados en todas las partes y facultades del alma y del cuerpo. Los estándares de Westminster y la forma de gobierno de Westminster (Guadalupe, Costa Rica; San Juan, Puerto Rico: CLIR; Sola Scriptura, 2010), 24.

  3. Mortalidad. La muerte física y espiritual entran en la experiencia humana como consecuencia del pecado original.

  4. Nuestra necesidad de redención. El pecado original hace necesaria la intervención salvadora de Jesucristo para restaurar la relación con Dios y librarnos de la ira venidera.

  • Algunas interpretaciones

  1. La Iglesia Católica. Enseña que el pecado original se transmite por generaciones y que el bautismo simboliza la purificación espiritual. A través de este sacramento, la persona es liberada del pecado y renace como hijo de Dios, recibiendo la gracia santificante. Además, el bautismo une al creyente con Cristo y con la iglesia, formando parte de su cuerpo místico.

  2. Iglesias Ortodoxas. Enseña que heredamos las consecuencias del pecado de Adán (mortalidad, corrupción y fragilidad), pero no la culpa personal ni una mancha moral heredada. La humanidad padece la muerte, pero cada persona es responsable solo de sus propios actos. Es decir, la desobediencia de Adán afectó a la humanidad; aun así no heredamos ni tenemos la culpa legal de Adán. Pecado ancestral: Se prefiere esta denominación, indicando que el pecado de los antepasados corrompió la naturaleza humana, haciéndonos propensos a pecar, aun así no culpables por nacimiento.

  3. El Protestantismo sostiene la doctrina del pecado original, especialmente en tradiciones reformadas como el calvinismo, que destaca la depravación total del ser humano; sin la gracia divina, el hombre está espiritualmente muerto e incapacitado para reconocer la necesidad de un Salvador y así poder ver su condición de pobreza espiritual.

Finalmente, el pecado original es un concepto fundamental que describe bíblicamente la condición caída y corrupta de la humanidad desde la caída de Adán y Eva en el Jardín del Edén. Hágase referencia a Romanos 3:10-18. Como podemos ver, esta doctrina siempre ha sostenido que todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa heredada, lo que afecta su voluntad, entendimiento, razonamiento y emociones; los ha separado de Dios.

«Afirmamos que el pecado original subraya la total corrupción del ser humano y la necesidad absoluta de la gracia de Dios para la salvación».

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Ismael Hilerio, Jr. Ismael Hilerio, Jr.

Jesucristo lo es todo

Cristo es el todo porque solo a través de Él podemos tener paz con Dios, ser librados de la ira venidera y ser admitidos a su presencia sin temor. Su gracia inmerecida descalifica nuestras obras, obediencia, sacrificio y los sacramentos para así obtener salvación. Solamente la sangre y la justicia de Cristo son aceptables ante el trono de la gracia.

Cristo es el todo porque solo a través de Él podemos tener paz con Dios, ser librados de la ira venidera y ser admitidos a su presencia sin temor. Su gracia inmerecida descalifica nuestras obras, obediencia, sacrificio y los sacramentos para así obtener salvación. Solamente la sangre y la justicia de Cristo son aceptables ante el trono de la gracia.


  • Introducción

Cuando nosotros los cristianos expresamos que Jesucristo es el «todo» en la fe cristiana, es porque Él es la fuente suprema de nuestra salvación; Él es el amor de Dios que se manifiesta entre los seres vivientes y da vida espiritual eterna. Para los cristianos, Él es la manifestación plena de Dios en la tierra, el Salvador que reconcilia una humanidad electa con Dios y da sentido y propósito a la existencia.

  • Algunas observaciones

  1. Jesucristo es visto como el único mediador entre Dios y los hombres, quien mediante su sacrificio en la cruz ofrece perdón de pecados y vida eterna a quienes creen en Él. Dios el Padre afirma que la muerte y la resurrección de Su Hijo amado, la segunda Persona de la Trinidad, son la base para la reconciliación con Él y la esperanza de la vida después de la muerte. Jesucristo es el único que nos libra de la ira venidera de Dios.

  2. Jesucristo es la fuente de vida verdadera y abundante. En Juan 10:10, Jesús dice: «Yo he venido para que tenga vida, y para que la tenga en abundancia». Además, Él es el único que da paz interior y consuelo en medio de las dificultades que se allegan a nuestro camino. Las dificultades de esta vida son temporales, mientras que Su paz es eterna.

  3. Jesucristo se afirmó diciendo que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Esto implica que nadie viene al Padre sino por Él (Juan 14:6). Esto significa que Jesucristo es el único camino para llegar a Dios y la verdad absoluta que guía a los redimidos a restablecer el carácter de Cristo por medio de la obediencia a Su Palabra, estando ellos bajo el proceso de la santificación (Juan 17:17). El Espíritu Santo juntamente con Su Palabra nos santifica en la verdad.

  4. La vida de Jesucristo cuando ministraba en la tierra fue un ejemplo de amor incondicional, de humildad y de servicio hacia una humanidad perdida, hostil, sin tener referencia a Dios ni a Su ley. Bajo este criterio, aun Él nos exhorta a vivir entre nosotros en amor, perdón y justicia. Llevando el mensaje de las buenas nuevas en conducta y en palabras.

  5. Los cristianos creemos que Jesucristo está presente en nuestras vidas a través del Espíritu Santo, guiándonos, capacitándonos, fortaleciéndonos en nuestra fe y ayudándonos a enfrentar los retos cotidianos. El Espíritu Santo es quien nos capacita para vivir para la gloria de Dios y tener nuestro gozo en Él, y nos capacita para vivir una vida santa, para testificar y trabajar por el Señor Jesucristo.

  6. El puritano Juan Flavel expresó lo siguiente: «Echa una mirada a todas las cosas creadas, estudia el universo, y observa primero la fortaleza, segundo la belleza, tercero la fidelidad y cuarto la sabiduría; pero no encontrarás nada tan excelente en ellos como sí lo hallarás en Cristo. El pan tiene una cualidad, el agua otra, la ropa otra, la medicina otra; pero ninguno de ellos tiene lo que Cristo posee. Es pan para el hambriento, el agua para el sediento, el vestido para el desnudo (—en su pecado lo vestirá con Su justicia—énfasis mío), la sanidad para el herido; y sea lo que fuere que un alma pudiera desear, se encuentra en Él.

Finalmente, Jesucristo es «todo» porque en Él se encuentra la plenitud de la vida espiritual, la esperanza de salvación eterna, y es el ejemplo perfecto de amor y verdad para los que están espiritualmente muertos y quebrantados. Su persona y la obra de Jesucristo son el centro de gravedad de la fe cristiana y la base para una relación personal y comunitaria con Dios.

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