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Soy ese hombre que vivía como el necio, sin referencia a Dios ni a Su ley. Me creía el protagonista de la película y pensaba que tenía todo bajo control. Pero la gracia de Dios en Cristo Jesús entró a mi vida inmerecidamente y me mostró la realidad de mi condición natal, la página oscura de mi vida: muerto al pecado con una extremada pobreza espiritual, prisionero y esclavo de mi propia miseria. Nacido en pecado, sin fe y sin esperanza (Salmo 51:5; Efesios 2:1-3). En cambio, por la gracia de Dios, hoy vivo para Su gloria en Cristo Jesús, teniendo mi gozo en Él para siempre y aún sigo con la enorme necesidad de Su gracia continua.