Cuando la persona es redimida por la sangre y justicia de Cristo, su vida cobra sentido al vivir para la gloria de Dios y el bien de los demás. Queriendo evitar las tentaciones y distracciones que impiden su verdadera alegría.
Cuando la persona es redimida por la sangre y justicia de Cristo, su vida cobra sentido al vivir para la gloria de Dios y el bien de los demás. Queriendo evitar las tentaciones y distracciones que impiden su verdadera alegría.