Afirmaciones: 👊🏻
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Creo que la creación fue el acto libre de Dios, por el cual creó la existencia del universo y todo lo que contiene en 6 días, sin el uso de materiales preexistentes —creatio ex nihilo— de la nada. Que Dios estableció un orden cósmico por medio del cual mantiene, gobierna y dirige todas las cosas conforme a Su ley. El hombre no fue creado para satisfacer una necesidad o deficiencia en Dios, porque la naturaleza divina de Dios no tiene necesidades inherentes. Él es su propia satisfacción trinitaria. Por lo que lo hace ser autosuficiente y único en su excelencia. Dios orquestó todas las cosas en la creación para manifestar y revelar Su poder, Su gloria, Su sabiduría y Su reino, como una proclamación de Su soberanía en la creación.
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Creo que la desobediencia de Adán y Eva y al morir espiritualmente… (Génesis 2:15, 16-17), tuvo dimensiones cosmológicas que están bien fundamentadas en la tradición teológica y en el testimonio bíblico. Según la Escritura, la caída es universal en sus consecuencias: el universo entero quedó bajo el juicio de la corrupción como resultado de ese único acto de desobediencia. Esta comprensión tiene respaldo exegético sólido: la alusión de Pablo a Génesis 3:17–19 en Romanos 8:19–23 confirma que la caída cósmica fue la maldición de Dios sobre la creación, sujetándola a la futilidad y al cautiverio de la corrupción.
Las implicaciones de la desobediencia de Adán se extienden más allá de la experiencia humana. No fue un acto aislado, sino un evento de significado catastrófico para la creación en su totalidad, cuyos efectos se hacen sentir aún en toda ella.
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Creo que la redención abarca mucho más que la salvación individual: incluye un paralelo entre la restauración de los elegidos y toda la creación. La maldición que siguió al pecado de Adán afectó tanto a la humanidad caída como al orden cósmico entero, sometiendo a ambos a una descomposición, enfermedad y desastres naturales (Génesis 3:17; Romanos 8:19-23); y para que se complete la redención, los hijos e hijas restaurados del reino necesitan un cosmos restaurado como morada eterna. Esta es parte de la «restauración de todas las cosas» (Hechos 3:21) por la obra exclusiva de Cristo, en la que revertirá toda la fealdad, el caos y la imperfección que ha estropeado el estado presente de las cosas, a fin de que el hombre regenerado, con una imagen renovada, rescate, restaure y redirija su oficio manifestado en la Escritura como el Mandato Cultural.
Solamente la obra de Cristo, como el Redentor, es la que entra en validación, tanto para la restauración del hombre que está presente bajo la ira de Dios como la cósmica que fue afectada por la desobediencia de Adán.
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Creo que la Biblia representa el summum de la literatura universal. Es el libro por excelencia: El más traducido, el más vendido, el más leído, el más estudiado, el más admirado, el más criticado y el más odiado entre los seres humanos. Aun así, la Biblia sigue siendo la fuente de autoridad y de fe durante milenios, incluso hasta hoy. La Biblia inauguró la era moderna de la página impresa; es el libro que más ha influenciado las culturas y ha marcado nuestra manera de pensar (Romanos 15:4).
La Biblia es verbalmente inspirada, infalible, inerrante, completamente fidedigna, y es la autoridad suprema en todo asunto de fe, enseñanza y conducta (Proverbios 2:6; Salmo 119:130; 1 Pedro 2:2). Es la única autoridad para determinar si la enseñanza es verdadera o falsa. Ningún otro libro, ninguna tradición y ningún maestro pueden ser considerados iguales a la Biblia (Isaías 8:20). La Biblia no contiene la Palabra de Dios, ¡sino que es Palabra de Dios!
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Creo que la cristología es el estudio que constituye el fundamento sobre el cual descansa toda la fe cristiana. Negar la cristología es estar condenado. Se afirma que, por la naturaleza de Jesucristo (Dios-hombre), el cristianismo nunca hubiera existido, ya que este está intrínsecamente ligado a la persona de Jesucristo de una manera singular. La importancia de su estudio radica en múltiples dimensiones. Puesto que permite que los creyentes crezcan en adoración a Cristo como Dios-hombre, mediador del pacto, y en la adoración al Dios trino. La cristología nos da, más allá de la devoción, el análisis de la persona y obra de Cristo y amplía la comprensión del Evangelio. Es decir, no solo revela cómo Cristo nos redimió mediante su sangre al quitar el pecado y librarnos de la ira de Dios que teníamos sobre nosotros, sino que también subraya su intercesión celestial y su promesa de gloria eterna en una comunión inquebrantable que Dios ha hecho en Cristo hacia nosotros los redimidos.