La vida de fe, crecimiento y santidad es «prioriedad»

Estoy al tanto de que todo creyente busca «caminar con Dios». Esta frase sirve como metáfora central de la vida cristiana que se muestra desde el Antiguo Testamento, donde describe al pueblo de Dios viviendo conforme a sus caminos, hasta el Nuevo Testamento, donde caracteriza una existencia de fe y desarrollo espiritual hacia la santidad de asemejarse a Cristo, que es aprovisionada en ambos testamentos, testificando el mismo propósito: tener una comunión íntima de obediencia y crecimiento hacia Su voluntad.

¿De forma similar, no deberíamos tener el mismo deseo o la misma inquietud?

Es importante que reconozcamos lo que esta metáfora familiar de caminar con Dios pretende comunicarnos. Por cierto, esta imagen no es meramente poética: así como la vida, caminar espiritualmente requiere constancia, disciplina y crecimiento en el Señor. Esto implica seguir una dirección y un destino que nos ha sido preparado por el Señor (Juan 14:2). Por supuesto, hay que evitar en nuestra jornada las trampas que vienen para desviarnos del camino y superar obstáculos para mantenernos en el rumbo correcto. Vivir por la fe en Cristo es presentar cada día nuestro corazón a la voluntad de Dios que nos ha sido revelada en Su Palabra.

¿Qué es la voluntad de Dios para nuestra vida?

Personalmente, creo que la voluntad del Señor es glorificar a Dios en lo que hacemos (1 Corintios 10:31), gozar de Él para siempre (Salmo 16:11; Romanos 15:13) a través de la obediencia a Su Palabra, la cual ella nos santifica en Su Verdad absoluta (Juan 17:17). Y exhibir el mismo amor que tenemos por nosotros mismos hacia los demás (Mateo 22:36-40). La meta y el objetivo principal es vivir para agradar a Dios como el único Protagonista absoluto de nuestra vida. En resumen, a todo esto: la voluntad de Dios es nuestra santificación.

La importancia de este caminar radica en que no es una actividad aislada, sino que es un proceso integral de colaboración hacia el crecimiento que debemos tener.

Para simplificar, esta vida de fe y santidad, ¿qué es sino salir de uno mismo y un regreso continuo a Dios, por Cristo Jesús, desde el camino del pecado y la muerte, y una perseverancia constante en todos esos actos de obediencia, que Dios ha ordenado ser el camino para que todos sus hijos caminen hacia la vida eterna? Tengamos cuidado y estemos en una perspectiva bíblica; la vida cristiana no es un destino alcanzado, sino un viaje continuo donde cada decisión y acción nos acerca o nos aleja de Dios.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.