Distinción total



 

El conocimiento que ayuda es el conocimiento que tengamos del Señor y de nosotros.

Calvino en su primer libro de la Institución de la Religión Cristiana escribió que la verdadera sabiduría del hombre consiste en tener un conocimiento de Dios como el Creador y Redentor; segundo, que este conocimiento se implanta naturalmente en el hombre por ser creado a la imagen de Dios, y su fin debe ser la adoración correcta hacia Dios y la reverencia a la Deidad acompañada por el temor--reverencial y el amor. Estas declaraciones que Calvino expresó en un sentido son pastorales, ya que la importancia de Calvino es que toda persona tenga una idea correcta sobre quién es Dios como el Creador de todas las cosas y el Redentor de la salvación que solamente proviene de Él en Cristo Jesús. Así el hombre se inclina a mostrar reverencia y temor al ver el reflejo de la gloria de Dios y al mismo tiempo su necesidad constante de crecer en ese conocimiento que lo lleve a ver su realidad.

No importa cuál venga primero en el conocimiento, sea nosotros o Dios. Lo importante es que este conocimiento nos dé un panorama de la majestuosidad de Dios y de su gloria, y nos dé por igual la nuestra como miserables pecadores con una extremada necesidad de Él, de modo que nunca podemos compararnos con Dios. Lo que indica una distinción entre Dios y la criatura.

Este conocimiento, desde la posición del salmo 8, de acuerdo con la gloria del Señor y la dignidad del hombre, vemos una interrogación personal del salmista y hace la pregunta después de su admiración: Cuando veo tus cielos, obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú solamente formaste, me pregunto: «¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?». Es decir, ¿quiénes somos nosotros para que Dios tenga misericordia y se acuerde de nosotros en el día de salvación? ¿No ves la bondad del Señor hacia el pecador? En el versículo 2 nos presenta cuán maravillosas son las perfecciones de Dios, que por medio de instrumentos muy débiles como lo es el hombre, Dios se place en exponer plenamente Su alabanza. Él llega a esa conclusión porque en el versículo anterior relata su nombre al decir: Cuán glorioso es tu nombre…: tus perfecciones (Salmo 5:11; 7:17), que has puesto literalmente el caso de tu gloria y majestad, subrayando: «la cual gloria has puesto» para hacerla más notable y distinguida, como si la tierra fuese un teatro demasiado pequeño para exhibir tu gloria y majestad. El salmista llega a la conclusión de presentar la pregunta: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él y el hijo del hombre para que lo visites?

Conocer a Dios constituye el propósito fundamental de la reflexión teológica y es el designio más importante del hombre, orientado a amarlo y dar gloria a Su nombre. De hecho, esta prioridad no es meramente intelectual, ya que la comprensión teológica trasciende el conocimiento puramente académico, transformando la forma en que vivimos y nos relacionamos con el mundo. En otras palabras, la concepción que tenemos de Dios determina quiénes somos, y tendemos naturalmente a orientar nuestras vidas hacia la imagen mental que formamos de Él. Sin embargo, no podemos pasar por alto que en la teología existe una distinción totalmente absoluta entre el Creador y la criatura, lo que subraya que solo Dios existe en su autosuficiencia completa. De manera puntual me refiero, aparte del mundo, mientras que todo el orden creado depende totalmente de Él para su existencia. Esta distinción se fundamenta en proteger la trascendencia divina y previene que equiparemos erróneamente nuestro conocimiento con el de Dios. Además, si se borra la distinción entre Creador y criatura, también desaparece la distinción entre la teología arquetípica de Dios y la teología ectópica que Él revela a sus criaturas, lo que conduciría a una confusión fundamental sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros.

«La distinción entre Creador y criatura constituye un fundamento teológico que moldea cómo entendemos a Dios, el mundo y nuestra propia existencia. Esta diferencia es fundamental para la comprensión bíblica del señorío divino en providencia y gracia, y para todo pensamiento verdadero sobre Dios y la humanidad». —J. I. Packer, Growing in Christ (Wheaton, IL: Crossway Books, 1994), 36-37.

Finalmente, el propósito de nuestra existencia es conocer nuestra naturaleza al conocer a Dios, la necesidad de ser perdonados y salvados por gracia inmerecida. Conocer bien sus atributos y sus caminos nos conduce hacia la adoración auténtica.  El objetivo de la obra teológica no es tanto conocer la teología como conocer a Dios; las tentaciones del orgullo académico deben mortificarse y la teología debe hacerse dentro de una comunidad de amor y por amor a otros, con la conciencia de que el regreso de Jesucristo y el día de rendir cuentas están cerca. Por eso toda la empresa de la teología es para la gloria exclusiva de Dios y de poseer un entendimiento claro de nuestra pobreza espiritual con la necesidad de su gracia continua.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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Las palabras de Jesucristo tienen credibilidad