El corazón, la ficha de ajedrez del diablo

 

La raíz del problema no es solo «ser mejor por fuera», sino la duplicidad de la apariencia y la hipocresía del corazón. Lo que quiero decir, aparentar honestidad y obediencia cuando no hay verdad, buscar su propia reputación más que crecer en su relación con Dios. Es ahí donde exhibimos la idolatría de nuestro corazón porque eso es lo que revela en lo exterior.

Hay que guardarnos de no ser de las personas que manipulan con apariencias para maniobrar las agendas utilizando a nuestro prójimo. Debemos estar al tanto de que los ojos del Señor están sobre nosotros y él sabe lo que hay en nuestro corazón, que es pura maldad de acuerdo con Jeremías 17:9-11:

«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras».

Por tal razón, me causa risa al oír cuando las personas usan el refrán «Dios conoce mi corazón» o «Dios sabe lo que hay en mi corazón» cuando quieren justificar un asunto a su favor.

De hecho, si el corazón no ha sido cambiado por el Cirujano, de acuerdo con Ezequiel 36:26-28, su condición irá sumergiéndose más en el pozo de quien lo controla. Mientras tanto, el corazón es la ficha del ajedrez que el diablo utiliza para monopolizar sus agendas cuando no está inclinado al señorío de Jesucristo. ¡Apresúrate! A tomar conciencia sobre el asunto de tu corazón, porque de él brotan las necedades de la vida (Proverbios 4:23).

Debe señalarse que la apariencia y la hipocresía van de la mano: la apariencia busca verse «bien» sin necesidad de que el corazón y la verdad vayan en la misma dirección; la hipocresía es cuando esa brecha se vuelve una práctica habitual. Es decir, se finge lo que no se vive, o se vive «a ratos» para mantenerse con una postura engañosa.

«No hay nada que Dios abomine más que cuando los hombres tratan de disfrazarse a sí mismos, sustituyendo con señales y apariencias externas la integridad de corazón». --Juan Calvino

En este sentido, debemos comprender que el lenguaje bíblico toca temas como el corazón, la hipocresía, la apariencia, el carácter y la santidad. El juicio sobre otros sin reconocer la propia condición del corazón y la obediencia que se reduce a mostrar en vez de actuar y adorar la verdad. Mientras que el corazón permanezca sin cambiar, proseguirá siendo el ajedrez del diablo y su trayectoria va a peor. Solamente en Cristo hay libertad y autenticidad.

Algunas referencias bíblicas:

  1. 1 Samuel 16:7; Isaías 29:13; 58:5

  2. Mateo 15:8; 23:25-28

  3. Marcos 7:6; 12:38-39

  4. Lucas 20:45-46.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.