EL HOMBRE Y SU CONDICIÓN
«El hombre no puede por sí mismo ver ni entender que su condición de pobreza espiritual está restringida e inhabilitada para querer hacer el bien que agrade al Señor. Por el contrario, ante los ojos de los hombres, sus buenas obras se interpretan como piadosas y aceptables entre ellos. Al mismo tiempo, son inaceptables ante un Dios justo y santo porque aun las buenas obras de los hombres están contaminadas por el pecado, lo cual las hace abominables ante el trono del Señor por no tener el sello de su aprobación que manifieste Su gloria. Por lo que indica que el hombre debe ser adoptado como hijo por elección incondicional y revestido de la justicia de Cristo, la cual sí tiene peso justificable para que nuestras obras en Cristo sean aceptadas únicamente por sus méritos ante el trono de Dios».
De acuerdo con su condición, el hombre nunca lo hará estar dispuesto a aceptar a Cristo por su propia independencia esclavizada. A mi entender, es imposible que un cadáver tenga conciencia y pueda ejercer una decisión espiritual cuando no tiene vida (Ezequiel 37; Efesios 2:1-2). Su condición espiritual está completamente muerta, inútil e incapacitada y, estando el cadáver puesto en un depósito de cadáveres por la vida sin Cristo, no tiene conciencia de la presencia de Dios alrededor de él. A menos que el Espíritu Santo, por elección incondicional y soberana de Dios, le conceda el arrepentimiento para vida y la fe de entender su miseria espiritual y así confesar la necesidad de un Salvador que lo vivifique para la gloria de Dios. Mientras tanto, seguirá muerto espiritualmente y bajo la ira venidera de Dios.
Por esta razón, la Biblia siempre describe al hombre natural necio como alguien guiado por sus deseos inclinados más que por la voluntad de Dios. Se ocupa de las cosas de este mundo y, aunque pueda ser moral o religioso externamente, está muerto espiritualmente. Dado que su estado de condición resulta miserable porque Cristo no reina en su corazón como el Rey, el Señor y Salvador de su vida.
Finalmente, aunque la descripción bíblica del hombre natural es de ser necio y perdido, también afirma que Dios ofrece salvación en Cristo. Por medio de la regeneración del Espíritu Santo y la fe exclusivamente en Jesucristo, el hombre natural puede en Cristo vivir una vida nueva conforme al Espíritu, es decir, para la gloria de Dios y su gozo en Él para siempre.
La obra de Dios consiste precisamente en transformar al hombre natural--necio en hombre espiritual, cambiando su corazón y dándole nueva vida en Cristo.
La gracia de Dios aún está disponible.
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