La necesidad del Evangelio



No hay duda de que el carácter cristiano debe ser moldeado por el evangelio, ya que no somos perfectos, pero sí somos perdonados y justificados por la sangre de Cristo —es decir, somos limpiados por ella y somos justificados con su justicia—. El evangelio es la noticia que debe ser escuchada a través de la predicación de la Palabra, leer la Palabra y meditar en la Palabra. ¡Esa norma es imperativa!

La necesidad del evangelio: un cambio constante hacia la santidad.

El evangelio no solamente nos informa sobre la vida de Jesucristo, como el personaje principal que tomó nuestro lugar en humillarse al nacer bajo una condición humana para cumplir lo que nosotros no podíamos cumplirle a Dios: obediencia a Su perfecta ley. Como resultado de esta observación inmediata, el evangelio anuncia nuestra salvación. ¿Y de qué somos rescatados? ¿De qué peligro somos salvados? Un vistazo al mensaje del evangelio en el Nuevo Testamento muestra que somos rescatados de la ira venidera al final de la historia (1 Tesalonicenses 1:10). Pero esta ira no se trata de una fuerza impersonal, sino que es la ira de Dios. Mostrando que estamos fuera de comunión con Dios; nuestra relación con Él está rota. Por esta razón, el evangelio son buenas noticias, no buenos consejos o una opinión que debemos considerar.

El evangelio es necesario escucharlo día tras día porque somos personas olvidadizas y porque su mensaje a través de la Palabra nos santifica y también cultiva en nosotros una nueva identidad. Es decir, vivir desde lo que Dios ya hizo por nosotros en Cristo. Esa seguridad que nos ofrecen las buenas nuevas del evangelio nos conduce a cambiar la forma en que reaccionamos cuando fallamos o cuando se nos trata injustamente, porque sabemos que Su gracia es sumamente mayor.

Otra razón de su necesidad es que lo que antes buscábamos por orgullo, miedo o aprobación se va desplazando por amor, gratitud y fidelidad, mostrando en sí un cambio radical. Por esta razón, el carácter se ve en decisiones pequeñas y constantes, no solo en momentos intensos, sino de forma progresiva, llevando su curso en cumplir lo que Dios se ha propuesto hacer en la eternidad pasada en la vida del creyente.

La verdadera gracia siempre resulta en vidas transformadas de santidad y justicia. A saber:

  1. Nos conduce hacia la humildad no fingida. Mostrar la capacidad de admitir los errores y pedir perdón sin excusa.

  2. Nos conduce hacia la perseverancia. No rendirse ante cualquier culpa o el cansancio espiritual.

  3. Nos conduce hacia el amor práctico. Servir, interesarse por el bien de los demás y poner límites al ego.

  4. Nos conduce hacia la verdad con misericordia y firmeza. Confrontar sin destruir y corregir sin humillar. El propósito de las restauraciones es conducirlos a los pies de Cristo.

  5. Nos conduce a ser constantes. Cultiva hábitos de oración, lectura de la Palabra y examen de conciencia.

Finalmente, el evangelio moldea el carácter porque transforma el centro de quienes somos: nuestra identidad, nuestras motivaciones y nuestra manera de responder al bien y al mal, cultivando en nosotros una perspectiva bíblica de su mensaje y lo que debe ser nuestro carácter: reflejar el carácter de Cristo en la obediencia a la Palabra y exponiendo la santidad de nuestro Dios en nuestra vida.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento. Confesional.

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