Nuestro propósito principal es la gloria de Dios y nuestro gozo en Él para siempre
Que este nuevo año el Espíritu Santo le dé a usted la convicción de glorificar a Dios por ser Dios, y que le promueva su gozo en él.
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Prosiguiendo hacia el propósito: conocer, glorificar y gozar.
—Filipenses 4:13
Me darás a conocer la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra hay deleites para siempre.
—Salmo 16:11
El Señor nos ha dado una nueva vida en Cristo Jesús para vivir exclusivamente para Su gloria y, como resultado de ese propósito, hallemos nuestro gozo en Él para siempre. El fin principal de la existencia del hombre no solamente se halla en los catecismos Mayor y Menor de Westminster, sino también en 1 Corintios 10:31, donde el apóstol Pablo hace referencia al decir que, cualquiera que sea nuestro motivo en la vida, lo hagamos para la gloria del Señor. Aquí podemos decir que él está expresando los mismos sentimientos que ha expuesto con más detalle en una de las cartas de la prisión al decir: «Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él» —Colosenses 3:17.
Pablo exhorta a los corintios a que vivan para la gloria de Dios, a que sean positivos sin ser ofendidos, y que hasta en la actividad diaria de comer y beber, exalten la bondad y la gracia de Dios, sean en privado como en público. En otras palabras, no podremos glorificar a Dios a menos que nuestras vidas estén en armonía con él y sus preceptos. Juan Calvino en su obra clásica titulada: ¿Cómo debe vivir el cristiano? Expresa en su primer capítulo que «el propósito de la obra de Dios en nosotros es que nuestra vida esté en armonía y conformidad con su propia justicia, a fin de manifestar a nosotros y a los demás nuestra identidad como sus hijos adoptivos». El pensamiento de Calvino prosigue remarcando que exhibamos la melodía, que es la canción de la justicia de Dios, mientras que la armonía es el propósito de nuestra obediencia a Dios. Esto implica que el aroma celestial de la gracia de Dios sea el perfume que provoque a las personas saber más de la gracia de Dios en Cristo Jesús.
Dado que no podemos glorificar a Dios, a menos que nuestras vidas estén en armonía con él y sus preceptos. Puesto que ningún rasgo de nuestra conducta debe impedir que la gloria de Dios se refleje a través de nosotros. Esto incluye, en todo lo que hacemos y decimos, no importa cuán insignificantes sean las cosas, el mundo debe ser capaz de ver que somos el pueblo de Dios escogido para que seamos una nación santa—1 Pedro 2:9. Nuestro principal objetivo en nuestra vida debe ser exaltar la gloria de Dios (cf. 1 Pedro 4:11). Sin duda alguna, el texto aborda cómo Dios desea que vivamos, enfatizando la importancia de vivir conforme a Su voluntad y no a las pasiones nuestras. Se menciona que el tiempo pasado es suficiente para haber vivido en pecado y que aquellos que no comparten este estilo de vida pueden ser objeto de insultos y negación a Dios. Por esta razón, se destaca la cercanía del fin de todas las cosas, instando a la prudencia, la oración y el amor entre los hermanos. También se habla del sufrimiento como parte de la vida cristiana, animando a regocijarse en los padecimientos por Cristo y a glorificar a Dios en medio de las pruebas. Finalmente, se advierte sobre el juicio que comenzará por la casa de Dios y la importancia de encomendarse al Creador.
Razones por las cuales debemos gozarnos para siempre en el Señor.
Glorificar al Señor es estar agradecido y gozar para siempre por lo que él ha hecho por nosotros en Cristo. Un decreto de acción por gracia inmerecida: nuestra salvación y librarnos de la ira venidera.
Glorificar al Señor es gozar de nuestra relación con y en el Señor. Proveyendo ese pan de vida que nos ayuda con la nutrición espiritual y a asemejarnos más a Cristo en la obediencia a su Palabra —Juan 6:67-68; 2 Timoteo 3:16-17.
Glorificar al Señor es gozar de nuestra unión permanente con el Señor. En el Catecismo de Heidelberg, en su primera pregunta y respuesta, leemos: «¿Cuál es tu único consuelo en la vida y en la muerte? La respuesta: Que yo en cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo…». En el Evangelio según San Juan 10:28, también propuso tal seguridad: «Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano». En Juan 6:37-40: «…Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero…».
Glorificar al Señor es gozar de la esperanza viva de que el día ha sido asignado desde antes de la fundación del mundo cuando Jesucristo venga por su cuerpo, que es la iglesia sin mancha y redimida con su sangre y justicia.
Me darás a conocer la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra hay deleites para siempre. —Salmo 16:11
Finalmente, el gozo cristiano es el deleite que proviene únicamente por el Espíritu Santo que experimentan todos los que han sido redimidos. Es la satisfacción que proviene de poseer a Dios como su tesoro más elevado. El gozo del Señor nos proporciona las razones fundamentales y nos da la certeza y la calma cuando poseemos nuestra unión y comunión que tenemos con Cristo.