Credo:
-
Creo que la creación fue el propósito y el acto libre de Dios, por el cual creó la existencia del universo y todo lo que contiene en 6 días, sin el uso de materiales preexistentes —creatio ex nihilo— de la nada. Que Dios estableció un orden cósmico por medio del cual mantiene, gobierna y dirige todas las cosas conforme a Su ley. El hombre no fue creado para satisfacer una necesidad o deficiencia en Dios, porque la naturaleza divina de Dios no tiene necesidades inherentes. Él es su propia satisfacción trinitaria. Por lo que lo hace ser autosuficiente y el único en su excelencia. Dios orquestó todas las cosas en la creación para manifestar y revelar Su poder, Su gloria, Su sabiduría y Su reino, como una proclamación de Su soberanía en la creación.
-
Creo que la desobediencia de Adán y Eva, al morir espiritualmente en su pecado con la necesidad de un Salvador (Génesis 2:15, 16-17), tuvo dimensiones cosmológicas que están fundamentadas en la tradición teológica y en el testimonio de las Escrituras. La caída es universal en sus consecuencias: el universo entero quedó bajo el juicio de la corrupción como resultado de ese único acto de la desobediencia de Adán y Eva. Esta comprensión tiene respaldo exegético: la mención de Pablo a Génesis 3:17–19 en Romanos 8:19–23 confirma que la caída cósmica fue la maldición de Dios sobre la creación, sujetándola a la futilidad y al cautiverio de la corrupción.
Las implicaciones de la desobediencia de Adán y Eva se extienden más allá de la experiencia humana. Esto no fue un acto aislado, sino un evento de significado catastrófico para la creación en su totalidad, cuyos efectos se hacen sentir aún en toda ella. En los eventos, circunstancias y tragedias.
-
Creo que la rendición del hombre es por la gracia inmerecida de Dios. No es por las buenas obras, ni por la desobediencia, ni por los sacrificios, ni por los sacramentos. El objeto principal de nuestra salvación y fe radica únicamente en la Persona de Jesucristo, el Señor.
Creo que la redención trasciende la esfera individual para abarcar la totalidad de la creación. Cristo libera al mundo entero de la esclavitud del pecado y el mal, llevando tanto a los cristianos como a toda la creación hacia la libertad gloriosa del reino de Dios. Esta dimensión cósmica se despliega en múltiples direcciones. Es decir, la obra redentora de Cristo abarca a los individuos, la vida social y comunitaria, y el mundo natural—incluyendo el ambiente y la vida animal—de modo que la redención no es meramente personal, sino social, natural y cósmica en alcance. No se trata simplemente de salvar almas aisladas, sino de restaurar la función adecuada de todas las instituciones y estructuras creadas.
La creación misma, como describe el apóstol Pablo en Romanos, ha estado «gimiendo en dolores de parto» y espera con «ardiente expectativa» ser liberada de su «esclavitud a la corrupción». La visión de Juan de un cielo y tierra nuevos no apunta a la destrucción del planeta presente, sino a su refinamiento y purificación.
(Génesis 3:17; Romanos 8:19-23)
-
Creo que la Biblia representa el summum de la literatura universal. Es el libro por excelencia: El más traducido, el más vendido, el más leído, el más estudiado, el más admirado, el más criticado y el más odiado entre los seres humanos. Aun así, la Biblia sigue siendo la fuente de autoridad y de fe durante milenios, incluso hasta hoy. La Biblia inauguró la era moderna de la página impresa; es el libro que más ha influenciado las culturas y ha marcado nuestra manera de pensar (Romanos 15:4).
Creo que la inspiración verbal de la Biblia es completamente fidedigna, y es la autoridad suprema en todo asunto de fe, enseñanza y conducta (Proverbios 2:6; Salmo 119:130; 1 Pedro 2:2). Es la única autoridad para determinar si la enseñanza es verdadera o falsa. Ningún otro libro, ninguna tradición y ningún maestro pueden ser considerados iguales a la Biblia (Isaías 8:20). La Biblia no contiene la Palabra de Dios, ¡sino que es Palabra de Dios!
-
Creo que la cristología es el estudio que constituye el fundamento sobre el cual descansa toda la fe cristiana. Negar la cristología es estar condenado. Se afirma que, por la naturaleza de Jesucristo (Dios-hombre), el cristianismo nunca hubiera existido, ya que este está intrínsecamente ligado a la persona de Jesucristo de una manera singular. La importancia de su estudio radica en múltiples dimensiones. Puesto que permite que los creyentes crezcan en adoración a Cristo como Dios-hombre, mediador del pacto, y en la adoración al Dios trino. La cristología nos da, más allá de la devoción, el análisis de la persona y obra de Cristo y amplía la comprensión del Evangelio. Es decir, no solo revela cómo Cristo nos redimió mediante su sangre al quitar el pecado y librarnos de la ira de Dios que teníamos sobre nosotros, sino que también subraya su intercesión celestial y su promesa de gloria eterna en una comunión inquebrantable que Dios ha hecho en Cristo hacia nosotros los redimidos.
La cristología reviste una importancia teológica fundamental porque estructura toda la reflexión cristiana.
-
Primero, el Espíritu Santo no es una energía o fuerza del Padre, como muchas de las sectas dicen creer.
La realidad de su existencia: Su Divinidad.
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, distinto del Padre y del Hijo, pero compartiendo con ellos la misma sustancia, poder y eternidad. Representa la presencia continua de Dios en el mundo y en cada creyente, capacitándolos para hacer su voluntad mientras caminan en armonía con Él, y reside en el creyente en el mismo instante de su conversión.
Testifica y capacita:
El Espíritu Santo también testifica junto con nuestro espíritu, permitiéndonos saber que somos hijos de Dios. Pablo utiliza el término «plerophoria» (completa confianza) para describir cómo el creyente obtiene conocimiento de la verdad mediante la obra del Espíritu, lo que incluye certezas como el perdón para vida y la reconciliación con Dios. Juan explica que el Espíritu Santo enseña al creyente las verdades divinas, tal como Jesús prometió que el Espíritu recordaría sus enseñanzas.
