Descansando en la vía de su Palabra
En los momentos más difíciles de nuestra vida, debemos siempre confiar en las instrucciones y en las promesas del Señor escritas en las Sagradas Escrituras, porque hacerlo nos ayuda a tener nuestra mirada firme en Cristo sin importar lo que la duda pueda vocear a nuestra mente y corazón. El asunto es que, si confiamos en Su Palabra, caminaremos seguros bajo la dirección de Su Espíritu, quien nos capacita y nos guía en la integridad de ella y, como resultado, a la fidelidad de Su Palabra; ¡podemos descansar en el Señor!
El salmista dijo: Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmo 119:105). Esa es la exhortación que da referencia a la Palabra de Dios como lámpara y luz si la tomamos con reverencia y si confiamos únicamente en ella. Su Palabra siempre guiará nuestros pasos a los pies de Cristo por la sencilla razón de que estamos necesitados de bálsamo fresco y porque somos pecadores con la necesidad de confesar diariamente nuestros pecados. Es ahí donde Su Palabra continúa llevándonos a Su reposo eterno.
¿Qué entendemos por «lámpara a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino»?
La metáfora de la lámpara y luz expresa las orientaciones que Dios nos proporciona mediante su Palabra—específicamente, a Su ley. Ya que el salmista no está hablando de una iluminación física, sino de la dirección espiritual para la vida cotidiana de los creyentes. La Palabra es la lumbrera, es el mapa donde somos conducidos por la vida. Así como la vía conduce el tren y fuera del riel es imposible que el tren llegue a su destino. Así es la Palabra del Señor, la vía que nos conduce hacia un destino mucho mejor y, sin ella, al igual que el tren, es imposible para nosotros llegar a ese destino glorioso.
Trasfondo histórico
La palabra hebrea ner (lámpara) se refería a una pequeña vasija de barro con una mecha, lo que nos ayuda a entender el propósito de la imagen original. Esta luz no era brillante, pero era necesaria para encontrar el camino. La distinción entre «lámpara a mis pies» y «luz para mi camino» resulta significativa: primero, una lámpara (la Biblia) en la mano nos revela dónde pisar y fundamentarnos en el presente, mientras que luz para mi camino son las instrucciones y promesas del Señor que nos han sido elevadas; es decir, iluminó por gracia el camino de los antes pasados, y aún ilumina por gracia el camino en el presente, puestos los ojos en Cristo. Por el cual la Biblia es la vía y la lumbrera que nos conduce y nos revela el destino a seguir. Esto implica que no hay otro recurso disponible que sea significativo como lo son las Sagradas Escrituras, la biblioteca inspirada bajo la superintendencia del Espíritu Santo.
Descansar bajo Su lámpara de la Palabra es nuestra consolación y esperanza eterna aun en medio de las luchas y tribulaciones personales, aun cuando nuestra debilidad diga lo contrario. Aun cuando los acontecimientos se aproximan a nuestra vida, Su Palabra nos instruye a vivir cerca de Dios y permanecer firmes en Su verdad, cuyas instrucciones no tienen comienzo ni fin; han existido por eternidad y cultivan confianza.
Isaías 40:8
Salmo 119; 119:5
Juan 1:1
2 Timoteo 3:16
Hebreos 4:12
Mateo 4:4
La Palabra es eco que recalca sabiduría, firmeza y fidelidad.
No debe haber duda de que el salmista describe la Palabra como una lámpara que distingue el camino, evita tropiezos y mantiene al viajero en curso, permitiendo ver la dirección correcta como guía de Dios para la travesía terrenal.
Por ejemplo, el versículo 105 es uno de los más conocidos de la Biblia: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino». La Palabra de Dios nos guía y nos orienta. Nos muestra por dónde caminar y cómo evitar el peligro. El salmista dice: «Los impíos me han tendido lazo (trampa) (v. 110) y me han afligido (v. 107), pero la Biblia dará vida (v. 107), nos conducirá a la alabanza (v. 108), nos enseñará (v. 108) y nos dará alegría (v. 111). Una vía así debería darnos la resolución de obedecerla «hasta el fin» (v. 112).
Leupold tiene razón: «El que usa [la Palabra] fielmente aprende dónde poner el pie cuando camina por los senderos resbaladizos de esta vida. No tiene por qué tropezar ni caer».
Conclusión
Poner la Palabra de Dios en alta estima es un beneficio real. Ella nos guía y nos orienta, mostrándonos por dónde caminar y cómo evitar el peligro. Hemos aprendido que descansando en la providencia del Señor y siendo movilizados en la vía de su Palabra, nos hace reconocer la debilidad humana y nos lleva a la dependencia continua de la gracia divina para el sustento de nuestra vida espiritual y hacia un destino glorioso.
Descansar en la Palabra representa una confianza total en las instrucciones y promesas que están verbalmente escritas en la Palabra como una indicación de que es la única fuente que provee descanso espiritual y una refrescante revitalización, algo que solamente Jesús promete a quienes acuden a Él con arrepentimiento y fe genuina.