La doxología es vida
Es importante para mí considerar seriamente que la gratitud en mí me debe llevar a meditar continuamente en las reflexiones bíblicas que he aprendido a lo largo del camino, mientras reconozco la continua provisión de bendiciones que estoy recibiendo de Dios como mi Padre y proveedor, tanto grandes como pequeñas.
Tales reflexiones deben cultivar en la mente y corazón el deseo de aumentar mi amor por Dios y expresarlo constantemente a través de «alabanzas significativas». Con «alabanzas significativas» quiero decir que la doxología debe ser vivida diariamente y no tan solo con himnos y cánticos de alabanzas, cuando me encuentro corporalmente adorando a Dios. Sino que debo vivir la doxología para que mi Padre que está en los cielos reciba la gloria que Él únicamente merece a través de mi unión con Cristo.
¿Por qué debe vivirse la doxología?
La doxología es el reconocimiento de la gloria de Dios, una gloria que consiste en la confesión y proclamación de la naturaleza y el misterio de Dios, que nos han sido revelados en sus obras y de manera especial en su Hijo unigénito Jesucristo. El término de la palabra «doxología» proviene de las raíces griegas doxa y logia, que significa «palabras de gloria», y estas «palabras de gloria» deben ser leídas en nosotros como cartas abiertas exhibiendo la gloria, fidelidad y el carácter de Dios.
En esencia, vivir la doxología significa mostrar que la gloria de Dios sea el propósito de cada aspecto de la existencia cotidiana—desde las acciones más simples hasta las decisiones más significativas—transformando la vida entera en un acto continuo de alabanza.
Que tu carta sea doxología continua hacia el carácter de Dios.