Dios no puede procrastinar
La seguridad de la salvación es bíblicamente cierta. Los que han sido regenerados, es decir, nacidos del espíritu, siempre estarán bajo la cobertura de Cristo Jesús. Cristo ha prometido que los guardará hasta el día de su venida. Por lo tanto, deberíamos tomar sus palabras con fidelidad.
Cristo expresó:
«Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer Mí voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucitaré en el día final». Y prosigue diciendo. Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final» (Juan 6:37-40).
Aquí vemos a Cristo siendo preciso con sus palabras, dándonos completa seguridad de que Él está haciendo la voluntad del Padre de no perder nada.
El apóstol Pablo también está convencido de la seguridad de su salvación y de la nuestra al expresar que Dios es fiel en terminar la buena obra en nosotros (Filipenses 1:6). Esa buena obra radica en asemejarnos a Cristo (Romanos 8:29). Finalmente, todos estos argumentos llevan al apóstol a llegar a la conclusión de que nadie tiene el poder de separarnos del amor de Dios, haciéndose algunas preguntas, confirmando la seguridad que él sentía de ser un hijo de Dios que ha sido escogido, adoptado por amor. (Romanos 8:31-38; Efesios 1:4-5). Y esto, para la alabanza de Su propia gloria (Efesios 1:6-14).
Aunque Dios trasciende el tiempo y el espacio, aun Él actúa en momentos precisos para cumplir lo que ha establecido en Su soberanía. Es decir, la voluntad de Dios no depende de la improvisación, sino del cumplimiento de lo decretado. Lo que hace que Dios no pueda procrastinar, ya que es una violación a su carácter de no cumplir lo que se ha propuesto hacer desde antes de la fundación del mundo.
La afirmación apostólica de Pablo se asocia frecuentemente con la noción de que Dios tiene, aunque haya decretado todo desde antes de la fundación del mundo, aún tiene «tiempos señalados» para obrar (Efesios 3).
De esta manera, la perseverancia de los santos describe la verdad de que quienes genuinamente creen en Cristo permanecerán en esa fe hasta el final y alcanzarán la salvación eterna. En nuestra teología reformada, esta doctrina siempre ha enseñado que Dios es fiel para guardar nuestra fe en Cristo hasta el fin a través de todas las pruebas y tentaciones, y finalmente estarán en el cielo. Es Dios quien nos preserva hasta el fin.
Lo que implica que el fundamento de esta perseverancia no descansa en la capacidad o el esfuerzo humano, sino en la obra soberana de Dios. Dios, bajo la elección incondicional que ejercitó en nuestra vida, nos mantiene por Su poder para que no se aparten completamente de Cristo, siendo esta la obra de preservación exclusivamente divina.
Finalmente, la doctrina resuelve lógicamente que si Dios inició la salvación en nosotros, Dios la completará. Como hemos dicho anteriormente, el apóstol Pablo expresó esta confianza apostólica escribiendo que quien comenzó la buena obra en los creyentes la perfeccionará hasta el día de nuestro Señor Jesucristo. ¡La salvación del justo está sellada con tinta de sangre!
