Agradecido y comprometido

He comprendido que la cruz emerge como el único camino mediante el cual la santidad absoluta de Dios y su misericordia incondicional se realizan simultáneamente para nuestra salvación. En la cruz, Cristo, siendo santo, asumió nuestro pecado en toda culpabilidad y lo sometió al juicio santo de Dios. Esto no fue una disminución de las exigencias divinas, al contrario, sino su cumplimiento total: la demanda de la ley y la penalidad del pecado alcanzaron su máxima expresión y ejecución en Cristo, de la cual el cristiano debe estar agradecido. Por otro lado, cada «camino», con su respectivo destino, conlleva sufrimiento y rechazo. Este último viaje en sí mismo enseña a los discípulos que seguir a Jesús significa caminar en la vía de la cruz (Mateo 11:30), nuestro compromiso.

Finalmente, la muerte de Cristo en el Calvario permanece como nuestra única esperanza en este mundo y será nuestra alabanza en la eternidad. Cuando el redimido contempla la cruz y mira a Aquel que murió por su salvación, puede regocijarse plenamente, pues sus pecados han sido perdonados.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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No puede haber aislamiento personal