No puede haber aislamiento personal

Cuando la vida cristiana se vive aislada de la familia eclesiástica, contradice tanto la naturaleza teológica de la fe como las realidades prácticas de la madurez espiritual. No existe el concepto de cristianos solitarios en ambos Testamentos; siempre había una convocación de hermanos que se reunían para dar lectura a la Palabra de Dios, orar y cantar himnos de adoración al Señor. Tomando las palabras de Dietrich Bonhoeffer, no es natural que los cristianos estén solos.

Hebreos 10:25: Este versículo aborda directamente el problema del aislamiento cristiano, revelando por qué la desconexión de la comunidad cristiana constituye una amenaza seria a la fe, subrayando la gravedad de esta práctica. Cuando aún hay muchos que la pasan por alto por su manera de ser: sus miradas están en las debilidades de las personas en vez de reconocer que la comunidad cristiana no es perfecta y que aún están lidiando con sus propios detalles aun cuando están dependiendo de la gracia inmerecida de Dios.

¿Cuál es la razón de su énfasis?

La separación de la comunidad eclesial genera daño en dos direcciones. Primero, quien se aísla de su iglesia local se priva a sí mismo de recursos esenciales para el crecimiento espiritual. El cristiano que se divorcia de su familia eclesial pierde el amor y la comunión que la comunidad ofrece, cuando el propósito de Dios es construir su iglesia, no perpetuar el aislamiento individual. Además, la transformación cristiana —llegar a ser como Cristo como acto de adoración— no puede lograrse en soledad; requiere el poder del Espíritu y la participación en la comunidad cristiana.

Segundo, simultáneamente, el cristiano aislado debilita el cuerpo entero. El cristiano que no participa en la iglesia hace más débil a toda la familia y el cuerpo de Cristo, que solo crece y se edifica en amor cuando cada parte cumple su función. Esta desconexión refleja una mentalidad moderna problemática: el individualismo cultiva la noción peligrosa de que se puede ser aprendiz de Jesús sin la amistad mutua, el apoyo, el ánimo, la responsabilidad, el servicio y el amor hacia otros.

Finalmente,

El reunirse con otros creyentes en la tierra anticipa la reunión escatológica final del pueblo de Dios, siendo la asamblea la contrapartida terrenal de la «congregación» celestial. Por esta razón, la urgencia de animarse mutuamente está indicada por la cercanía del día escatológico; los creyentes deben exhortarse unos a otros porque el mundo actual no durará. Exhortémonos a permanecer fieles y unidos en el Señor.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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