Dios muestra misericordia y justicia

La elección incondicional afirma que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió a ciertos individuos para ser objetos de su favor inmerecido, y esta elección no se basó en ningún acto o respuesta. prevista de los elegidos, sino únicamente de su propio beneplácito y voluntad soberana en demostrar misericordia y justicia.

Siempre está el desafío de que Dios escoge a las personas porque Él ha visto de antemano cómo ellas reaccionarían al llamado. Sin embargo, de acuerdo con Ezequiel 37, la visión de los huesos secos y Efesios 2, nos revela el panorama de que todo ser humano está muerto espiritualmente en sus delitos y pecados e inhabilitado para reaccionar y aceptar a Cristo como su Salvador. Con esto quiero decir que el pecado es totalmente grave, con resultados catastróficos. Por otra parte, la Biblia registra en Romanos 3:10-18 la condición del hombre y su condición natal de que toda persona nace culpable de pecado desde el momento de la concepción—Salmo 51:5—y no como resultado de actos individuales, sino como herencia de la caída de Adán.

Lo que implica que, por la desobediencia de Adán, todos sus descendientes quedaron arrastrados y muertos espiritualmente a un estado de pecado y condenación. Esta realidad no es meramente un déficit moral, sino algo más profundo: existe tanto una «culpa original» heredada como una «contaminación original» en todo el ser humano que ha reemplazado la justicia de Cristo con una que está inclinada hacia el mal al comer del fruto que Adán y Eva no debieron comer—Génesis 2:16-17—y quedaron totalmente contaminados en todas las partes y facultades del alma y cuerpo. Por naturaleza, no hay nada bueno en nosotros; somos personas egoístas y solicitamos nuestra gloria y reconocimiento en nuestros hechos. Lo que quiero decir es que nuestra condición revela nuestra extremada pobreza y nuestra incapacidad espiritual para desear y hacer un bien que agrade a Dios, porque siempre habrá en nosotros un mínimo de orgullo en nuestras acciones.

Por esta razón, la elección incondicional afirma que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió a ciertos individuos para ser objetos de su favor inmerecido, y esta elección no se basó en ningún acto o respuesta prevista de los elegidos, sino únicamente en su propio beneplácito y voluntad soberana.

Sin embargo, la elección incondicional no anula la responsabilidad del hombre para creer y arrepentirse en nombre de Jesús. No, el hombre es responsable de sus decisiones y actos en el diario vivir. Pero esto no quiere decir que la soberanía de Dios se mantenga pasiva en los eventos de la creación y de los seres humanos. Dios está atento y muy activo, que ha orquestado todo desde antes de la fundación del mundo.

Esta paradoja de la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre son verdades presentes en las Escrituras. Por lo tanto, sería un error enfatizar una a expensas de la otra, ya que Dios soberanamente es quien obra en nosotros el querer como el hacer, para cumplir lo que se ha determinado. Su buena intención—Filipenses 2:13 en los eventos y en nuestras vidas. Dios es quien nos concede la fe y el arrepentimiento. La responsabilidad del hombre está dentro del marco divino y complementa la voluntad exclusiva de Dios.

Como expresa Loraine Boettner:

«Quizás la mejor forma de resumir la relación que existe entre la soberanía de Dios y la libertad o responsabilidad del hombre sea de la siguiente manera: Dios presenta al hombre incentivos externos de forma tal que el hombre actúa en conformidad a su propia naturaleza; sin embargo, hace precisamente lo que Dios ha determinado que hiciese».

La elección soberana de Dios incluye el medio para recibir la salvación como la dádiva misma; la gracia soberana resultará en lo que Dios ha determinado. Dicho de otra manera, Dios no solo elige quién será salvo, sino que también proporciona los medios—la fe, el arrepentimiento, el evangelio—para que esa elección se realice a su debido tiempo en la historia humana y el hombre sea responsable en manifestar lo que Dios ha determinado desde la eternidad pasada.

Por esta razón, siempre he dicho que la elección soberana de Dios es un aspecto fundamental de la teología cristiana, porque afirma que Dios posee autoridad absoluta para seleccionar a quién desea salvar. Esto no quiere decir que Dios aún esté seleccionando. Su voluntad fue decretada en la eternidad pasada.

Eso es lo que vemos en Romanos 9:1-24 con relación a su elección o los escogidos en amor, y no es que Dios haya elegido una nación como algunos en el sector evangélico lo han traducido. Más bien, es una declaración que Dios hace. Dios otorgará la salvación mostrando en sí su misericordia a unos y, al mismo tiempo, se reserva el derecho solamente en demostrar su justicia a otros. Esa es la prerrogativa de Dios; ejerce su voluntad sin tener condiciones previstas de lo que íbamos a ser o decidir.

Finalmente,

Esta doctrina enfatiza que la elección no está condicionada al conocimiento previo de Dios sobre quiénes creerán en Cristo, ni depende de la capacidad o respuesta humana, sino que Dios es quien inicia el proceso de forma exclusiva.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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