Virtudes piadosas en el Señor

El fundamento de estas virtudes radica en reconocer y someterse a la gracia soberana de Dios.

Tengo que admitir que la Biblia nos amonesta constantemente a que seamos personas piadosas en el Señor. La intención es que el carácter de Cristo vaya aumentando cada día en nosotros mientras que las nuestras sigan menguando—Juan 3:30. «Sed paciente, manso y humilde en el Señor» no es solamente una frase que refleja virtudes fundamentales. Sino que, en la enseñanza cristiana, particularmente en la tradición paulina y en los escritos de los apóstoles, nos subrayan que debemos desear con empeño esas virtudes para que la gloria de Dios sea manifestada en nuestras vidas, en la ciudad donde intercambiamos, en el trabajo y en la vecindad donde residimos. Virtudes que prediquen mientras que no estamos conversando.

La paciencia no es mera pasividad, sino una fortaleza activa: la capacidad de soportar, así como lo demostraron nuestros hermanos en tiempos pasados, las adversidades sin perder la fe ni la esperanza que ellos tenían en el Señor. Por otro lado, la mansedumbre es la humildad combinada con poder controlado; Jesús mismo se describe así en Mateo 11:29: «Venga a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es fácil y Mi carga ligera». Otro rasgo es la humildad. La humildad implica una evaluación realista de uno mismo ante Dios, rechazando tanto la arrogancia como la autodenigración.

La mansedumbre no denota debilidad, sino una disposición interior de humildad, paz y fortaleza que toma a quien la posee lento para la ira. «Esta virtud implica sometimiento incondicional a Dios, no solo en obediencia, sino también en dependencia» [1]. Estas tres virtudes funcionan como eslabones de una cadena integrada.

Es notable que estas virtudes se cultivan «en el Señor» --no por esfuerzos humanos aislados, sino en relación viva con Cristo. El apóstol Pablo enfatiza esto repetidamente, subrayando que la paciencia viene del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), la mansedumbre es fruto de conocer a Cristo (Efesios 4:1-3) y la humildad es la respuesta apropiada a la gracia que hemos recibido inmerecidamente (Filipenses 2:3-8). También cabe señalar al apóstol Pedro en el capítulo 2:3-11, refiriéndose a las virtudes del cristiano.

Finalmente, estas virtudes no son debilidad, sino una demostración de fortaleza transformada que Cristo está creciendo en nosotros mientras que nosotros estamos menguando. En un mundo que valora la asertividad agresiva y la autopromoción, el cristiano propone algo radicalmente diferente: que la verdadera influencia y poder espiritual, estando nosotros bajo la superintendencia del Espíritu Santo, las virtudes fluyen de quien se ha rendido completamente a Cristo. La paciencia persevera donde otros se rinden; la mansedumbre gana donde la dureza del corazón fracasa; la humildad abre el corazón a las instrucciones que Cristo nos ha dejado y que el Espíritu Santo nos hace recordar.

Seamos personas piadosas en el Señor. Con la intención de que el carácter de Cristo vaya aumentando cada día en nosotros mientras que las nuestras sigan menguando. Debe ser nuestro compromiso, nuestra convicción.

  • Referencia:

[1] Samuel Pérez Millos, Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento: Efesios (Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2010), 266.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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