El beneficio de estar atento con el propósito de mi existencia.

La primera pregunta y respuesta de los catecismos Mayor y Menor de Westminster formulan que «el fin principal de la existencia del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre». (Los Estándares de Westminster, 2010, por la Confraternidad Latinoamericana de Iglesias Reformadas). El Catecismo de Ginebra, en su primera pregunta y respuesta, expresa lo siguiente: «¿Cuál es el principal fin de la vida humana? Su respuesta: Que los hombres conozcan a Dios, su Creador». Ambas declaraciones subrayan el mismo pensamiento, que la actividad más importante del hombre es conocer a Dios, glorificar a Dios y gozar de Él para siempre; sin embargo, esa misma actividad es la que muchos más han descuidado.

Conociendo la importancia de esta actividad, debo admitir que conocer a Dios es más una necesidad que un privilegio. Por esta razón, Jesús ha definido la vida eterna en conocer a Dios de esta forma:

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado» (Juan 17:3).

Este conocimiento moldeará quiénes somos. Con esto quiero decir que, al conocer a Dios, causará temor y reverencia, lo que lleva al ser humano a la obediencia y a la adoración práctica; y cuando Dios es conocido más plena y perfectamente, sus actos salvíficos son aprendidos y comprendidos, el corazón del recipiente redimido se inclina cada vez más en el proceso de la santificación y vive para la gloria de Dios y tener su gozo en Él, exhibiendo gratitud y una actitud de adoración práctica. Por esta razón, tengo que decir que el conocimiento de la doctrina bíblica es esencial para tener una fe auténtica y salvífica, no meramente emocional.

La segunda observación de la respuesta de los catecismos nos indica que, cuando gozamos de Dios, representa una dimensión fundamental de la vida cristiana que trasciende la mera obediencia religiosa—es decir, «obediencia superficial». Según la pregunta inicial de los catecismos Mayor y Menor, el fin principal del ser humano, como se ha dicho al principio, es glorificar a Dios y gozar de Dios para siempre, lo que establece que el gozar de Dios no es una opción, sino parte integral del propósito divino para nuestras vidas. En otras palabras, gozar de Dios implica una relación de intimidad y deleite personal con Dios. El ser humano fue creado de tal manera que encontramos que la doxología —la alabanza a Dios— es nuestra complacencia suprema de la fidelidad de Dios, de Su carácter absoluto, lo que significa que experimentar alegría en Dios no contradice nuestro bienestar, sino que lo realiza plenamente a Su perfecta voluntad. Por lo tanto, este gozo está condicionado por el deber, con el interés y la devoción con que el cumplimiento se expresa directamente en la primera respuesta de los catecismos Mayor y Menor más breve de Westminster: «El fin principal del hombre es glorificar a Dios, y gozar de Él para siempre».

Hágase referencia sobre el gozo del Señor:

  1. Salmo 73:24-28: Solamente hay gozo en el Señor.

  2. Filipenses 4:4: Este es quizás el versículo más directo sobre el mandato de gozarse en Dios, enfatizado por la repetición.

  3. Nehemías 8:10: Presenta el gozo no como emoción superficial, sino como fuente de fortaleza espiritual.

  4. 1 Pedro 1:8: Describe la alegría de creer en Cristo sin verlo físicamente.

  5. Habacuc 3:17-18: Expresa el gozo que persiste incluso en circunstancias difíciles.

Declaración: El gozo del Señor sobrepasa toda dificultad porque nadie puede asemejarse a Dios.

Finalmente, conocer a Dios es fundamental porque transforma la existencia en sus dimensiones más profundas. Según el evangelio de Juan, la vida eterna misma se define, como se ha expresado múltiples veces, «conocer a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado». Es necesario recalcar que esto no es un asunto secundario: sin un conocimiento verdadero y genuino de Dios en Cristo, --no hay seguridad de vida eterna. Solamente las posibilidades de tenerla--.

A propósito, la multitud hoy en día también necesita saber y entender que esa verdad espiritual sobre el conocimiento de Dios y la vida eterna no es un asunto de opinión o filosófico, en el que los pensamientos de una persona son válidos como los de otra. El conocimiento de Dios en el cristianismo no es primordialmente una cuestión de qué podemos decir acerca de Dios, sino una función de familiaridad personal con Dios y de nuestra sola confianza en Él. Lo que quiero decir es que se trata de una relación viva e integral, no de información abstracta.

Sócrates expresó: «Solo hay un bien: el conocimiento, y un mal: la ignorancia». Dando a entender que la verdadera sabiduría comienza reconociendo que realmente no sabemos nada. Personalmente, implicando que debemos acudir a la verdadera sabiburiía que viene de lo alto.

Proverbios 1:7, «El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecían la sabiduría y la instrucción».

Platón expresó: «El inicio es la parte importante de la obra». Es decir, la verdader sabiduría consiste en distinguir el bien y el mal.

Oseas 4:6 expresa: «Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento». Aquí nos muestra la negliencia hacia el conocimiento verdadero. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos». De hecho, existe verdad espiritual y existe error y falsedad espiritual, y la diferencia entre ellos es la diferencia entre la vida y la muerte.

Conocer a Dios es la actividad más importante que los seres humanos deben hacer por necesidad y, de hacerlo, su inmersión los llevará a glorificarlo y gozar de Él para siempre, mientras que este conocimiento nos conduzca a hacer todo para la gloria de Su nombre y de nuestro compromiso con Cristo.

Ismael Hilerio, Jr.

Constancia. Disciplina. Crecimiento.

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