Máscaras
«Nadie es más miserable que aquel que peca secretamente, pero trata de preservar su imagen delante de los hombres». Esa fue la frase de Charles Spurgeon. —La ilusión de pensar quién eres en público mientras que la realidad es que eres otro en privado—énfasis mío..
No debe haber duda de que la vida contemporánea se divide entre una esfera pública y otra privada. Las personas pueden mantener en secreto sus identidades como miembros de diferentes comunidades sin sacrificar la influencia de esas comunidades en otras áreas de sus vidas. Esto sugiere que la conversión es simplemente una máscara. La «verdadera» identidad no está simplemente oculta en lo privado—somos lo que somos en privado—mientras una falsa se exhibe en público; la vida está compuesta de una manifestación de doble máscara, y diferentes contextos activan diferentes aspectos de quién eres.
Asimismo, como la persona de doble ánimo que es arrastrada por doquier—Santiago 1:8. En otras palabras, «inestable en todos sus caminos, emociones…», una condición que va mucho más allá de la simple irresolución ocasional, la cual debe ser regenerada por la sangre y por la justicia de Cristo para que el carácter sea autenticado.
Esta división no es simplemente teórica. Se trata de lealtades y afectos divididos: alguien que intenta «mantener sus opciones abiertas para continuar con su trayectoria». Bíblicamente hablando, esta división se expresa como una voluntad dividida entre Dios y el mundo. Busca guardar en secreto los deseosos ídolos del corazón mientras aparentemente sirve a Dios.
Como dice el conguero, mano de piedra, Ray Barreto: «Quítate la máscara». Solamente la sangre y la justicia de Cristo pueden transformar, reformar un corazón mentiroso y a la vez sediento.
